Alguien por ahí

viernes, 29 de diciembre de 2023

Eli Rodríguez-Microrrelato-Un pasatiempo


 

Un pasatiempo


Hase noventa años un señor de traje y bastón camina por el Palacio Salvo. Abre puertas. Sede el paso. Deambula. En ocasiones, detiene los assensores. Se encuentra con una mujer que también recorre edifisios y le pregunta:

      —¿Por qué abre puertas sin que nadie se lo solisite? A lo que el señor respondió:

        —Lo tengo que haser. Para mí es un pasatiempo. ¿Acaso las personas no abren puertas, sierran ventanas solo para pasar el tiempo? —Y continuó:

      —Es el modo que encontré de andar sobre estos mosaicos silensiosos. Los hombres se arman y desarman, entonses nesesitan crear fantasmas, que por alguna rasón les salvan.

Esta afirmasión le generaba una duda, no se sabía si el señor era sonso o pretensioso.

      —¿Les salvan? —replicó la mujer que recorre edifisios y que no sabe cuál es la palabra con más eses del español.

     —Les salvamos de las arquitecturas sin flores ni balcones en los amontonamientos inexplicables y sudoroso. Solo de ese modo, a veses algunos, nos preguntamos sobre el tiempo o la libertad, pero solo a través de la preocupasión de si el 114 pasa puntualmente por la parada parda de siempre.












domingo, 17 de diciembre de 2023

Eli Rodríguez-Microrrelato-Palenqueras


 Palenqueras

Corrimos por la costa de nuestro Este colombiano porque había que ir a Cali, a pesar de la pandemia. Habían matado a Chico. Chico era el primo con mayor coraje. Cuando teníamos que desplazarnos, se adelantaba y señalaba donde tendríamos buen terreno para las semillas. Siempre le acertaba. Tenía ese don. Las semillas las llevaba nuestra querida Amanda, nuestra Mayora. Ella hacía sonidos con la bolsa de semillas que desde el delantal se deslizaban al suelo. Nos hizo todas las curaciones que realizaba a los niños marcando una cruz en la cabeza y a su vez hacía canciones para que la tierra sea prodigiosa.

En la costa el invierno era bravío. Tenía olas porfiadas que golpeaban el alma de nuestras casas, nos hacía recordar al otro lado africano, desde donde vinieron nuestros ancestros. Este era un lugar reservado para escapar de la esclavitud. Un lugar palenquero. Entonces comprendí que nuestro pueblo estaba destinado a la libertad.

Cuando nació Chico, Amanda había puesto las manos sobre todo su cuerpo y lo presentó a la Luna. Yo era pequeño y con los primos lo cubrimos de hojas a él y a la tía que fue cubriendo su cuerpo de hierbas.  
Cuando corría, corría. Corría Chico como si la selva fuese de él, pero lo que nunca esperamos fue que moviéndose entre las ramas, en medio de risas, gritos y algunas semillas le pegaran un tiro. Cayó como abrazando la tierra. Por eso fuimos a Cali. Nos dijeron que éramos irresponsables por pedir justicia para el primo Chico. Nos acusaron de querer contaminar y contagiar cuando en realidad íbamos a pedir para que llevaran preso al que mató a nuestro primo. Nosotros lo conocemos porque dos por tres venía a amenazarnos con armas y  perros. Se llevaba comida. Hasta se llegó a llevar el dendé y la fariña de nuestro templo

Desde muy chicos nos tenemos que mover y hacia donde vamos tenemos que plantar. A machete vamos abriendo caminos. Así somos desde que yo me acuerdo y ahora con mis 12 años lo seguimos haciendo.
Cuando llegamos a Cali nos tiraron gas pimienta. Yo corrí calle abajo siguiendo el color de la pollera de mi madre, pero al mismo tiempo sentí que no nos defendimos como debiéramos. Me acordé de mi primo que por correr y gritar se llevó aquel tiro. Eso me asustó, pero duró unos segundos porque les decíamos a los militares que:  “Venimos por la vida de Chico. Nosotros sabemos quién” y lo mató. Veía a las mujeres correr y gritarles y corrí y corrimos. Me entreparaba y gritábamos y cantábamos y otra vez seguíamos corriendo. Estábamos poseídos por la indignación y cantamos la canción a Chico:


Hoy a Chico lo mataron
junto a la par de la tierra
y tenemos las semillas
pa' plantar en nuevas tierras
hoy a Chico lo queremos
junto al mar y la marea
porque vivimos al mar
moviendo la hierba buena
siempre vamos todos juntos
no queremos esta guerra
hoy a Chico lo mataron
con semillas de su tierra
por eso cuando nos crecen
tomillo, salvia y menta
este niño va en nosotros
anunciando tierra nueva.

Luego llegamos a casa. Sin respuesta. Mi madre y las tías siguieron mejorando el lugar que habían levantado para la cocina, nosotros nos fuimos a dormir. Ellas se quedaron en los jardines de la selva. Dormimos tranquilos. Soñábamos con el aroma del maíz torrado y los gajos de coco. Me pregunté por qué no les prendimos fuego en esta oportunidad.  Sentí la memoria ancestral, que se repetía y la deletreaba una y otra vez, y la volvía a deletrear y alargar “annnn cessss tral, an ces tral, ances traaal” junto a una caravana de chivos y palomas que llevaban una munición de semillas para estas tierras.


miércoles, 13 de septiembre de 2023

Eli Rodríguez-Un grito histórico-microrrelato

      

 

      Un 7 de setiembre, una muchachita del Cerro se casaba con el trabajador más negro que había visto en su vida. Las primas de él la llevaron a la peluquería, le pintaron las uñas y en una caja forrada entre algodones le regalaron un viso de puntilla en blanco para la noche de bodas. Entonces, hubo fiesta en una casa grande con música que salía de un tocadiscos de un mueble inmenso, donde el dueño de la casa guardaba casi toda la colección de Ray Charles, así como los discos de Pedrito Ferreira con la Cubanacan. Algunas tías del casamentero estaban en la cocina y desde allí, bichoneaban como se iba desarrollando el baile, para ver cual era el mejor momento para salir con las bandejas de comida casera y bebidas.      

     A Pocho y Teresita los sentaron en un sillón, así como si fuera una sala de naciones, como si fueran unos reyes. Teresita se asombraba de toda esta demostración y entre risas y gritos, si bien ella no había vivido ninguna fiesta, le pareció muy bueno que sus hijas, hoy o mañana, crecieran con esa alegría. La familia de ella, casi no estaba presente, algún hermano y poco más. Ella había llevado al civil un trajecito rosa y para la fiesta se había puesto un calipso verdoso, que estaba de moda. Pocho estaba de traje azul, corbata roja y una flor en la solapa que daba casi en el pecho. 

     El hermano de crianza de Teresita, Horacio, la había acompañado. Era un negrito bandido y estaba contento porque una negrita bajita bailó con él, toda la noche, y esto lo asombró, ya que no tenía mucha suerte en los bailes. Unos días antes, el abuelo, Luis, le había dado un dinero a Pocho para que contratara a un fotógrafo. La idea era que quedara un recuerdo. Eso lo escuché, no una semana antes, sino unas dos semanas, pero Pocho alquiló una casita a orillas del Río Santa Lucía. Teresita, nunca había paseado a una casa diferente, jamás. En Santa Lucía estuvieron una noche y fueron al medio día a comer unos ravioles. En la familia de Pocho ningún hombre se había casado, para él era como recibirse de un posgrado, más o menos. 

     Era el primer hombre de su familia que lo lograba, tendrían su tribu, la de ellos. Aunque iban a vivir en una pieza, había una esperanza en la casa grande que le había prestado su primo, que en su momento era el campeón sudamericano de boxeo, Eulogio Caballero. Ese casamiento era como una piña al futuro. Era como un grito alborotado. Sí, un Grito de Ipiranga, una liberación, un deseo de amor entre un negro y una blanca por los años sesenta, que aunque sin fotos y ya fallecido Pocho, Teresita, nos contó riéndose.

domingo, 20 de agosto de 2023

Eli Rodríguez Poesía- Tumba y toca

                                                  Tumba y toca


vientre que viene

del toque

vientre contra vientre

ventrado

ventriculado

sonido que despierta la cueva

cuerda del tiempo

tumba y toca

en las duelas


tambores sagrados

que hablan

dialoga la lucha del tiempo

que aloja la lonja

al calor del hueco.

África nos llama

tumba y toca

en la mujer

que resiste

y se hace llama

llama y tambora


y vibra el mar


y divaga el tambor

y diaspóra el tambor

tumba y toca

la tambora en la mar

navega y a(r)ma

alas de mujer.

Funda la entraña del Sur

tumba y toca

se embaraza

toda tambora

todo tambor

toda niñez

nace para ser templo

en el confín del anochecer

vibra el vientre tambora

vibra el vientre mujer.

miércoles, 19 de julio de 2023

Eli Rodríguez-África-Poesía

 Video Poema África en redes

 

 

África

Los golpes arden
en los meridianos
y ruedan en el vientre.

¿Por qué el candombe
palpita en el tiempo
que nombra a la madre?
Porque la madre
tiene seis letras
que fatigaron
en los desiertos secos
de donde arrancó
la rueda del mundo.

Yo te doy Áf-rica
carifÁ, acirfÁ,
adjetivo del viento
el recuerdo de tierras
que anochecieron
y claman lo desconocido.
Recordamos
lo que no vivimos
y el ambór
y el ambo
en lo sagrado pregunta
¿qué hace el amor
entre depredadores
y esperanzas?

¡Ah!A efe erre i ce a  
la de la estirpe divina.

sábado, 25 de marzo de 2023

Eli Rodríguez-Poesía: ,pero la mujer trabaja


 https://youtu.be/DiwPcDGpaTk


Si me preguntan dónde está la mujer

ya no está en la fábrica

pero entonces ¿dónde están los niños?

si me preguntan dónde está la mujer digo escribiendo

trabajando en otras áticas

cuidando hisa y cajos

pero ¡rápido! ¡dale que no llegas a marcar!

¡dale con el carrito que llegas tarde a la feria!

¿Dónde están las mujeres que trabajan en las casas de las que no trabajan? 

juntado el pe si to que no 

                                        da. 

El día de la mujer vi a una mucles con chijer  que vi de niña vendiendo

caramelos y le dijo al amigo ¡feliz día! y se divirtieron con eso

porque se conocen de chicos cuando jugaban a subir a los ómnibus

(y) encontrarse enfrente al liceo 

que no van.

¿Qué hace la mujer durante el año cuando los hijos son días y tardes

que se avalanchan en ella

& baila & tiene hijas & baila

la mujer trabaja y baila

& tiene hermanas que trabajan

,pero dónde está la mujer que escribe sobre las mujeres

mientras la oa golpella el fondo ¡pan! ¡Pan! ¡Pan!

y comienzan las clases

y los chicos están en la puerran y espeta a mamá

solo esperan a mamá

y ella tiene una lapicera                                                                                            

que la alivia, porque no quiere que la vida la agringue, porque sino la aniquila, 

por eso ahí está la lapicera

,pero ¿dónde está la mujer?

& ¿dónde trabaja? 

&¿Donde están los niños?

¿Con quién los dejó?

domingo, 30 de octubre de 2022

Eli Rodríguez Poesía: Pan e indultos


Paz, pan

de memoria

que dibuja yuyos

de día 

y a la noche

 leuda la flor


canción

que vuelve

insomne

revuelta


               pan, paz 

palpas

alas de silencio

tortuoso

leñoso 

de acuerdo

procaz


mudo

 

      pan e indulto

pop

piss

cuerda de sal

que el viento

 nos deja

 

 bolsillo

parado

roto

que mira

la harina

y baja

el despojo


se hiere

la paz

 

clemencia

Clemente

                            que todo sucedió

                por el pan.