Alguien por ahí

lunes, 18 de abril de 2022

Eli Rodríguez Poesía: Si dijera la verdad

 
  Si dijera

la verdad

mentiría

si dejara

de mentir

mentiría.

Sin saber

verdades

mentiriamos.

Hay voces

que encienden

la mentira

desvanecen

la verdad 

y creemos.

De verdades

mentiras

y mendades

vivimos.

Sí mentí

fue por bien

y si encuentro

una verdad

 sería mentira

y si abrí

las fronteras

y vi un raso

de mentira

que falló

a la verdad

diría mentiras

y si dejara

de decir

verdades

te sentiría

verdadero

pleno

pero sería

mentira.

sábado, 26 de febrero de 2022

Eli Rodríguez-Relato Niñes Afro: Club social y deportivo “Los Flamencos”

Cuando Marysol venía a saludar el vestido le quedaba como un sombrero. Tenía la complicidad del sol que la imaginaba asombrada por un grito redondo de la hinchada golpeando en la red. Una sombra de canciones la acompañaban, eran tarareos inexplicables que la sorprendían y la hacían reír sola. En las tardes entre el muro y los championes le nacía una potencia arrasadora rodeada de macetas que a veces se caían. De lejos la canchita la miraba entre los ladrillos y el tejido, parecía invitarla. Sus medias ralladas, rojas y negras, tenían los colores de la pelota número 5 que el abuelo le había regalado. Ella insistía de tarde con su pelota que la guardaba debajo de la cama... ¡pim, pum, pam!, y otra vez... ¡pim pum pam!
En un mes, se abriría un llamado a aspirantes para el club de baby fútbol “Los Flamencos”. Un miedo de solamente pensar en hacerse la ficha le daba retorcijones en la panza, como cuando comía naranja de noche. Tuvo temor, dudó de seguir adelante con la idea, se le desgranaba como cuando se le deshacían los alfajores, que prefería dárselos a su hermano.
Continuó las tardes, con su rutina, se sacaba la túnica, se ataba bien los cordones y de nuevo a jugar contra el muro. Iba y venía la pelota, mientras transmitía los partidos. Ella se veía como los jugadores a los que les ponía nombre de mujer; “Luisa”, “La Rusa”, con “Diego” era más complicado... Otras veces, los nombraba con el apellido que le resultaba más fácil. La pared descascarada, de tanto pelotazo, parecía decirle a Marysol que estaba agotada. Y otra vez, otro día
contra el muro dale que va.
Allá, a las cansadas, como decía la abuela, el último día, cinco minutos antes de terminada la inscripción, se anotó. ¡Todo a último momento! -le decía un murmullo- el mismo que escuchaba en las mañanas antes de ir a la escuela, al guardar los útiles en la mochila. Se armaba un lío. De lejos veía la cuadernola que quedaba abierta arriba de un banco, por allá el lápiz, que se escondía debajo
de la mesa. ¡Y para rematarla!... las medias, encontrar las medias ralladas, eran como la búsqueda del tesoro.
Cuando se anotó en el Club social y deportivo "Los Flamencos" se notó un cambio en ella. Ella comenzó a ser otra y era ella, pero lo que sí cambio fue el club. Empezaron las primeras prácticas que la perfilaban como un bólido en la defensa. Aquel club, el de “Los Flamencos” era el que le hacía dejar la camiseta en la cancha. Dentro de ella rodaban y rodaban las ilusiones. Sentía, eso, que todo rodaba. Eso sentía.
Entonces, un canto le sobrevenía como una azarosa melodía, yo soy Marysol, la que te hace el gol, pero un susurro cerca del arco le decía, ¡Dale motitas, que los de afuera son de palo!

 


 
















 *este cuento fue presentado a la convocatoria afro realizada en ocasión del homenaje a Horacio Quiroga, Cuentos de la Selva, junto a las poetas emergentes.

lunes, 7 de febrero de 2022

Eli Rodríguez Poesía: Decálogo

 

Decálogo Stanley Cohen de la  teoría del pánico moral


I

Primero aplican la acción del miedo y la confusión para enrarecer el ambiente. 

II

 el Estado genera el pánico

III

Se pide la presencia del Estado

IV

Se insiste en  restablecer el orden.

V

El Estado entra con el ejército y el poder judicial

VI

se instalan como salvadores

VII

se justifica la militarización

VIII

y en nombre de la paz

IX

se acaba con la protesta 

….......
….......
….......

pero la gente

sale a la calle. 











sábado, 13 de noviembre de 2021

Eli Rodríguez Poesìa: Autorías

 


 

Genero

autorías

grafismos

imágenes

crujo

en el papel

de 64 kg.

Escribo

para rozar

la hebra

de hembra

que vive

en mis venas.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Eli Rodríguez: Relato para niños - En esas luces mi piel

 

 

 En esas luces mi piel

Al entrar mis ojos se perdían en el polvo que dejaban caer los abrazos en los sacos
apolillados de los tíos mientras las mujeres rodeaban a la abuela. Estaba velando a su negro viejo con sus motitas blancas. El velatorio era en la casa donde los domingos almorzábamos pastas con tuco. La mesa había sido ocupada por una caja de madera hecha de apuro. Entre vivos sabores de laurel estaba el abuelo Hugo. Murió en sus tiendas, aunque sabíamos, que no le gustaba estar entre esas flores. ¡Eran un asco!
El primo Markitos repetía que, cuando fuese grande, sería el mejor repique, mientras movía los dedos sobre un taurete. También nos dijo que se había dado cuenta de que el abuelo estaba quieto, solo, si lo mirábamos.
Éramos una familia grande. El abuelo nos contó que la bisabuela había sido esclavizada y que andábamos por la vida con un apellido que no era el nuestro.

En el patio recordaban el día que había hecho un asado utilizando, como brasa, un poste de luz. Lo colocó horizontal y lo iba corriendo a medida que se quemaba mientras festejaba que había leña para rato. Cerca del medio tanque, con restos de carbón, estaba el limonero, sagrado para él, también, tenía la Espada de San Jorge ubicada en la puerta de entrada a la cocina y medio flacucha, perdida en el patio, la Planta del dólar.
La abuela era una mujer introvertida. Había forjado su niñez con unos patrones muy severos y antojadizos, donde sus padres habían sido los caseros de toda la vida, pero ella se casó y se fue. Ese modo, reservado, era una manera de sobrevivir porque era difícil servir en un mundo de punta en blanco... En cambio, el abuelo era musical, decía que si estábamos tristes escuchásemos música. Siempre andaba tarareando un candombe.
Le dije a Markitos que me acompañara con un ritmo, que tocó en la mesada de la cocina, porque iba a cantar un tanguito. Tanguito, que me había dicho el abuelo Hugo, que entonaba el bisabuelo en los carnavales:


"En esas luces voy yendo
en esas luces mi piel
camino y me voy diciendo
quien vive solo para él
su almita vive sufriendo."


Una vecina, a la que llamábamos "la pulguita", nos decía que éramos unos atrevidos y que nos portásemos bien para que Don Hugo fuera al cielo en paz. A nosotros no nos gustaba nada que fuera al cielo. Nos sonaba a una frase repetida, casi sin gracia.
Aceptarla era como decir que perdimos una pantalla de un juego porque el wifi se
desconectó.

El abuelo era pasión pura, para él era más interesante pintar una pancarta, o escuchar a Pedrito Ferreira que estar en ese gran espacio del firmamento. ¡Figúrense! Era selecto para la amistad, no lo imaginamos con un grupo de angelitos desconocidos mirando al zenit. Esa actitud le fastidiaría porque opinaba que cuando uno hablaba tenía que mirar a los ojos.

De repente Markitos gritó: ¿oyeron? Y se sintió: ¡Dejen de llevar los limones! Saltaron de bolsos, bolsillo y chaquetas. Rodaron por el piso. Todos miramos al cajón y estaba con los ojos cerrados. Nos quedamos tranquilos, porque nos parecía sentirlo diciéndonos que no nos complicáramos y que deberíamos tener más humor. Ahí, te daba una perorata sobre Julio E. Suárez. Recuerdo que nos dio un papel amarillento escrito de su puño y letra guardado como un billete donde se leía: lo que pasa con un humorista es que, vive fuera de los convencionalismos... Y lo volvió a doblar, diciéndonos que teníamos que comer y que, el final, lo leeríamos otro día.
Llegaba el tiempo despedirnos, nos tropezamos al bajar los escalones con un aroma a crisantemos en el fondo de las fosas nasales. Fue un quilombo. Me palpitaban las palabras. Volví para atrás. Busqué la billetera del abuelo que estaba en la mesa de luz y nos fuimos junto a la abuela. Envuelta en sonidos, leí la notita que terminaba “aquella frase”... el humorista ve las cosas en paños menores aún en los momentos de mayor dramatismo.

domingo, 10 de octubre de 2021

Eli Rodríguez Poesía: Una publicación

Huir para volver  en la disfonías de voces y papeles.  Distanciar la intimidad 

que en el presente perpetuo mira el mar.  Volver al recuerdo eterno  del ser de aire  que desvanecido  toma el tiempo de preguntar  peinados de sal en las manos.