Alguien por ahí

lunes, 3 de febrero de 2025

Eli Rodriguez Poesía (Leer como susurro)

  



(leer como susurro)

Ven, ven, ven 

vencida

reconoce 

recompensa 

decorosa

recordaba 

precordial.

Eco recorrido

vacío de eco 

recostado

recómodo

en el hueco 

del cuenco

viento

descolorido 

colonizado

en la poética 

de la imagen.


domingo, 26 de enero de 2025

Eli Rodríguez-Poesía: Tres días por feriado


 Encontrar para desencontrarse

faltar para estar solo

pedir disculpas

 innecesarias.

Vértigo

vahído

engendrar 

tres días 

por feriado.


Eli Rodríguez Poesía se acuesta boca arriba


 Encima de la frazada

la hormiga hace equilibrio

se acuesta boca arriba

rueda boca abajo 

pero se hace tarde

para darla vuelta


hay momentos en que

solo podemos ver

 el camino 

que nos lleva al trabajo.


sábado, 4 de enero de 2025

Un día un barco-Microrrelato para niños



                                                                                                       Obra Plástica de Renée Segundo


Tía Flora nos contó que a nuestra familia la trajeron en barcos. Eran los barcos negreros. Ahí venían los abuelos y las tías de las tías, y viajaron días y días, horas y horas, entre olas y viento. Cautivos, dejaban su tierra. África. Se miraban para ver si se encontraban, y a veces, apenas un gesto, hacía que la crueldad se ensañara con ellos. Mujeres, varones y niños llegaron a nuestras costas, en este gran mar, en este río, como mar. Unos murieron en el camino, otros ni bien llegaron. «¿Si el mar hablara?», decía tía Flora.

Los que llegaron fueron vendidos como esclavos a las familias ricas de Montevideo, entre 1585 y 1835. Durante 250 años. «¡Ay, qué pena!», decía tía Flora. Entonces las mujeres les dieron de mamar a sus hijos y a los hijos de sus amas y les decían esta historia. Algunos la aprendieron y hasta la decían de memoria.

Extrañaron su música, sus creencias, y se hicieron tambores, y encontraron la forma de honrar a sus dioses, y armaron los candombes, se ponían las ropas de los amos y los imitaban al bailar, y un montón de carcajadas salían de las quijadas y de las piernas. Y tanta felicidad el «mundo blanco» no podía soportar y dijeron: «esos tambores son del diablo» y se los tiraron al mar. «¡Ay, qué pena!». Dijo tía Flora que un abogado, llamado Jacinto Ventura de Molina, hizo el escrito judicial como defensor de la solicitud de la Sociedad de Negros Congos de Gunga para realizar la fiesta del Día de Reyes el 6 de enero de 1835. Y tocaron tambor, ¡tum!, ¡turum!, ¡tumbá!, ¡tum!, ¡turum!, ¡tumbá! Adentro tenían cielos de libertad. No se cansaban de contar cómo llegaron en barcos y esto les daba axé. ¡Y seguían de fiesta y de lucha, de lucha y de fiesta! Y se contaron historias de libertad que los niños más grandes empezaron a cantar a los hermanitos: «Duérmete hermanita llena de motitas / duérmete hermanito sueña los tambores / libres y más libres siempre el mismo sueño / libres y más libres hacia el mismo sueño».

Tía Flora decía que se dormían ilusionados, se les cerraba la noche y se abrían las estrellas. Ellos sabían que esta historia la tenían que contar y volver a contar hasta que se hiciera canción y la canción se hizo.

Editado en el libro "Ronda" 2024-Edición del Colectivo Afropoético


sábado, 25 de mayo de 2024

Eli Rodríguez-Poesía: Pretos Velhos (26 de mayo 2024)

 

 

Ahora entiendo

por qué cuando miro

la costa del Río de la Plata

y veo nuestras aguas

del Parque Capurro

siento que vienen los negros viejos.

Ahora entiendo

por qué cuentan historias

nos dan vida

por qué sus palabras

son fuertes y sabias.

Siento un libro

de cuerpos abiertos

que nos trae fe

los negros viejos

las negras viejas

escriben en una cuadernola:

“Solo queda un camino.

Liberarnos” Aparte de otros apuntes

en relación con la hambruna

y a los niños.

Entonces entendí la sal de la vida

la descendencia honorable

venía entre flores y mieles

venía en carros de mar

y en el sol de las palabras

brotaron los pretos velhos.

Se expandía una mirada

antropológica

una excavación

y se iluminaron los universos

de cara a las olas

se formó un collar de caracolas

subversivas.

Y ahora sabemos

ahora entendemos por qué cada uno

de nosotros lleva una canción

para cantar y cantarla.

Cada 13 de mayo

se hace memoria

sabemos quiénes fueron

sabemos quiénes somos

late en el fondo de estas tierras

un laberinto

que sedimenta el sueño.

Ahora entiendo por qué cuando miro

la costa del Río de la Plata

y veo a nuestras aguas del parque Capurro

van los pretos velhos

entre maderas y vida.

Eli Rodríguez-Poesía: Hemos de ir a cruzar las calles


Buscamos en la orilla


y encontramos un signo

de interrogación

que nadie respondió


se armó un silencio


y aparecieron

porque deseábamos encontrarnos


se conjugó el verbo buscar

busco

buscas

buscás

buscamos


y nos preguntamos ¿cuánto vale ser justo?


Vale la justicia de las manos


mientras los familiares sabemos llevar


una vida abrazada que camina


con sus nombres.


Hemos de ir a cruzar los campos

hemos de ir a cruzar las calles

y punto.

Y  ellos han de venir día y noche

entonces surge una pregunta

solo para aquellos


solo una 

solo para esos

para esos


¿qué valor tiene la verdad?




sábado, 13 de enero de 2024

Eli Rodríguez- Microrrelato-La novela rosa

 

 La novela rosa

Se había creado la novela rosa sin saber las consecuencias que tendrían los personajes femeninos que están acostumbras a arrobarse en algún jardín propicio.

Todo comenzó con cierto aire heroico para crear puntos de llegada, como por ejemplo las guerras, donde estaban las diosas para luego ser encerradas durante siglos. Ya en el siglo XXI pudieron salir de la cueva de la casa o de la clausura y como telón de fondo querían desterrar los sillones del siglo XIX, las razones del siglo XVIII y las Dulcineas del XVII. Entonces ya en el XX se establecieron guirnarlas, balcones y ramitos en un camino laureado que prometía llevar luces decorativas cercanas a la luminaria de los palacios. En fin, se trataba de la construcción de un chip de gratificaciones con problemas ingenuos que esta novela venía a traer de nuevo...

Se entendía que la eficacia era masiva y se comportaba como una pandemia en medio de principios políticamente correctos que se entendían, debían asociarse a los sentimientos amorosos más íntimos. Es decir, resaltaba palabras que se dicen en voz baja o se piensan en bancos de plazas en primavera.

El nuevo chip se instalaba entre adentros y afueras, con puertas y ventanas, con aire incluido. Solía tener algunos agujeros para la lluvia que siempre caía en la silla de ella, acompañados de un repertorio de espacios que solo generaban ambiente, pero que no aportaban al argumento. Literalmente teníamos que ver si el chip de la novela rosa podía producir un lugar propio o hacía que las mujeres fueran en busca de una habitación. Una mentada habitación donde guardar los croquis de los chips de otras novelas e incluso de cuentos. Una habitación cercada y cuidada como un jardín oriental que alberga una nostalgia poética. Pero se llegó a la conclusión que ese carácter lejano y exótico era propio de la modernidad y, por tanto, se proponía incluir alguna palabra que muestre los nuevos amores y las nuevas sacralizaciones de los medios digitales. Es entonces que estos amores podían incluir la palabra celular o incluso trabajar con algunos memes. Esto revolucionaría la lectura rosa, además de proponer nuevas formas del enamoramiento porque el arte propone y la vida pasado un tiempo dispone.

Las bases recreadas se fueron ennegreciendo y llenando de vacíos. Eran vívidos y llamativos. Ya estaban prontos para venderse en supermercados. ¿A quién no le gusta que le regalen un objeto novedoso solo para guardarlo y esperar que se vuelva viejo?

Ese tumulto de sensaciones a través de un chip hacía que las ingenieras y la ingeniería pudieran crear una máquina de novela rosa, pero con estos aditivos. Llevaba tiempo de trabajo y estudio, además ninguna de ellas se iba a hacer rica con eso. La idea era mover los textos hacia lugares sin joyas, sin palacios y encontrarse con el mismo corredor de siempre, con caca de perro, en un apartamento de pasillo común y aun así enamorarse. Seguro que esto era desalentador, además de colaborar con los rituales evitativos que simula todo enamorado, porque el juego está en demostrarle al otro que no le interesa por temor al rechazo. Igualmente, se hizo la máquina.

El chip quedó mudo, se instaló adentro de las habitaciones creando los mismos ismos. La máquina de la novela rosa ahora se había convertido en una sarta de dislates inconcebibles, incluyendo las viejas cursilerías amorosas entre medio de sudores y humedades. Había triunfado aquella que nostalgiamos. Entonces las ingenieras y la ingeniería decidieron terminar con el proyecto de nueva máquina, porque ya no querían hacer nada en el ámbito de la novela rosa y comenzaron a decir a coro: !Ya, no¡, ¡ya, no!, y se hicieron poetas.