Ven, ven, ven
vencida
reconoce
recompensa
decorosa
recordaba
precordial.
Eco recorrido
vacío de eco
recostado
recómodo
en el hueco
del cuenco
viento
descolorido
colonizado
en la poética
de la imagen.
Ven, ven, ven
vencida
reconoce
recompensa
decorosa
recordaba
precordial.
Eco recorrido
vacío de eco
recostado
recómodo
en el hueco
del cuenco
viento
descolorido
colonizado
en la poética
de la imagen.
Encontrar para desencontrarse
faltar para estar solo
pedir disculpas
innecesarias.
Vértigo
vahído
engendrar
tres días
por feriado.
la hormiga hace equilibrio
se acuesta boca arriba
rueda boca abajo
pero se hace tarde
para darla vuelta
hay momentos en que
solo podemos ver
el camino
que nos lleva al trabajo.
Los que llegaron fueron vendidos como esclavos a las familias ricas de Montevideo, entre 1585 y 1835. Durante 250 años. «¡Ay, qué pena!», decía tía Flora. Entonces las mujeres les dieron de mamar a sus hijos y a los hijos de sus amas y les decían esta historia. Algunos la aprendieron y hasta la decían de memoria.
Extrañaron su música, sus creencias, y se hicieron tambores, y encontraron la forma de honrar a sus dioses, y armaron los candombes, se ponían las ropas de los amos y los imitaban al bailar, y un montón de carcajadas salían de las quijadas y de las piernas. Y tanta felicidad el «mundo blanco» no podía soportar y dijeron: «esos tambores son del diablo» y se los tiraron al mar. «¡Ay, qué pena!». Dijo tía Flora que un abogado, llamado Jacinto Ventura de Molina, hizo el escrito judicial como defensor de la solicitud de la Sociedad de Negros Congos de Gunga para realizar la fiesta del Día de Reyes el 6 de enero de 1835. Y tocaron tambor, ¡tum!, ¡turum!, ¡tumbá!, ¡tum!, ¡turum!, ¡tumbá! Adentro tenían cielos de libertad. No se cansaban de contar cómo llegaron en barcos y esto les daba axé. ¡Y seguían de fiesta y de lucha, de lucha y de fiesta! Y se contaron historias de libertad que los niños más grandes empezaron a cantar a los hermanitos: «Duérmete hermanita llena de motitas / duérmete hermanito sueña los tambores / libres y más libres siempre el mismo sueño / libres y más libres hacia el mismo sueño».
Tía Flora decía que se dormían ilusionados, se les cerraba la noche y se abrían las estrellas. Ellos sabían que esta historia la tenían que contar y volver a contar hasta que se hiciera canción y la canción se hizo.
Editado en el libro "Ronda" 2024-Edición del Colectivo Afropoético
Ahora entiendo
por qué cuando miro
la costa del Río de la Plata
y veo nuestras aguas
del Parque Capurro
siento que vienen los negros viejos.
Ahora entiendo
por qué cuentan historias
nos dan vida
por qué sus palabras
son fuertes y sabias.
Siento un libro
de cuerpos abiertos
que nos trae fe
los negros viejos
las negras viejas
escriben en una cuadernola:
“Solo queda un camino.
Liberarnos” Aparte de otros apuntes
en relación con la hambruna
y a los niños.
Entonces entendí la sal de la vida
la descendencia honorable
venía entre flores y mieles
venía en carros de mar
y en el sol de las palabras
brotaron los pretos velhos.
Se expandía una mirada
antropológica
una excavación
y se iluminaron los universos
de cara a las olas
se formó un collar de caracolas
subversivas.
Y ahora sabemos
ahora entendemos por qué cada uno
de nosotros lleva una canción
para cantar y cantarla.
Cada 13 de mayo
se hace memoria
sabemos quiénes fueron
sabemos quiénes somos
late en el fondo de estas tierras
un laberinto
que sedimenta el sueño.
Ahora entiendo por qué cuando miro
la costa del Río de la Plata
y veo a nuestras aguas del parque Capurro
van los pretos velhos
entre maderas y vida.
Buscamos en la orilla
y encontramos un signo
de interrogación
que nadie respondió
se armó un silencio
y aparecieron
porque deseábamos encontrarnos
se conjugó el verbo buscar
busco
buscas
buscás
buscamos
y nos preguntamos ¿cuánto vale ser justo?
Vale la justicia de las manos
mientras los familiares sabemos llevar
una vida abrazada que camina
con sus nombres.
Hemos de ir a cruzar los campos
hemos de ir a cruzar las calles
y punto.
Y ellos han de venir día y noche
entonces surge una pregunta
solo para aquellos
solo una
solo para esos
para esos
¿qué valor tiene la verdad?
La novela rosa
Se había creado la novela rosa sin saber las consecuencias que tendrían los personajes femeninos que están acostumbras a arrobarse en algún jardín propicio.
Todo comenzó con cierto aire heroico para crear puntos de llegada, como por ejemplo las guerras, donde estaban las diosas para luego ser encerradas durante siglos. Ya en el siglo XXI pudieron salir de la cueva de la casa o de la clausura y como telón de fondo querían desterrar los sillones del siglo XIX, las razones del siglo XVIII y las Dulcineas del XVII. Entonces ya en el XX se establecieron guirnarlas, balcones y ramitos en un camino laureado que prometía llevar luces decorativas cercanas a la luminaria de los palacios. En fin, se trataba de la construcción de un chip de gratificaciones con problemas ingenuos que esta novela venía a traer de nuevo...
Se entendía que la eficacia era masiva y se comportaba como una pandemia en medio de principios políticamente correctos que se entendían, debían asociarse a los sentimientos amorosos más íntimos. Es decir, resaltaba palabras que se dicen en voz baja o se piensan en bancos de plazas en primavera.
El nuevo chip se instalaba entre adentros y afueras, con puertas y ventanas, con aire incluido. Solía tener algunos agujeros para la lluvia que siempre caía en la silla de ella, acompañados de un repertorio de espacios que solo generaban ambiente, pero que no aportaban al argumento. Literalmente teníamos que ver si el chip de la novela rosa podía producir un lugar propio o hacía que las mujeres fueran en busca de una habitación. Una mentada habitación donde guardar los croquis de los chips de otras novelas e incluso de cuentos. Una habitación cercada y cuidada como un jardín oriental que alberga una nostalgia poética. Pero se llegó a la conclusión que ese carácter lejano y exótico era propio de la modernidad y, por tanto, se proponía incluir alguna palabra que muestre los nuevos amores y las nuevas sacralizaciones de los medios digitales. Es entonces que estos amores podían incluir la palabra celular o incluso trabajar con algunos memes. Esto revolucionaría la lectura rosa, además de proponer nuevas formas del enamoramiento porque el arte propone y la vida pasado un tiempo dispone.
Las bases recreadas se fueron ennegreciendo y llenando de vacíos. Eran vívidos y llamativos. Ya estaban prontos para venderse en supermercados. ¿A quién no le gusta que le regalen un objeto novedoso solo para guardarlo y esperar que se vuelva viejo?
Ese tumulto de sensaciones a través de un chip hacía que las ingenieras y la ingeniería pudieran crear una máquina de novela rosa, pero con estos aditivos. Llevaba tiempo de trabajo y estudio, además ninguna de ellas se iba a hacer rica con eso. La idea era mover los textos hacia lugares sin joyas, sin palacios y encontrarse con el mismo corredor de siempre, con caca de perro, en un apartamento de pasillo común y aun así enamorarse. Seguro que esto era desalentador, además de colaborar con los rituales evitativos que simula todo enamorado, porque el juego está en demostrarle al otro que no le interesa por temor al rechazo. Igualmente, se hizo la máquina.
El chip quedó mudo, se instaló adentro de las habitaciones creando los mismos ismos. La máquina de la novela rosa ahora se había convertido en una sarta de dislates inconcebibles, incluyendo las viejas cursilerías amorosas entre medio de sudores y humedades. Había triunfado aquella que nostalgiamos. Entonces las ingenieras y la ingeniería decidieron terminar con el proyecto de nueva máquina, porque ya no querían hacer nada en el ámbito de la novela rosa y comenzaron a decir a coro: !Ya, no¡, ¡ya, no!, y se hicieron poetas.