En mi exceso
susurro la permanencia
dialogo recetarios
nombres de café en la oscuridad.
Nombres que dicen sí.
En mi exceso
susurro la permanencia
dialogo recetarios
nombres de café en la oscuridad.
Nombres que dicen sí.
En medio de autos y bicicletas un esqueleto se contornea entre brotes amarillos la flor del ceibo muestra el arte y desfallece entre baldes en la patria de las alcantarillas.
I
Encontré en el tambor
el repique
de las mariposas.
II
encontré en la danza los movimientos que nos llevan a los vaivenes dibujados en los faros de las medias lunas.
El tiempo
se tensó
se quizo atar
a la cuerda
del olvido
dar una vuelta
de página
pero un sonido
templó
los tambores
del mundo.
Era necesario viajar
veníamos de un encierro
maravilloso
de un acuerdo resfriado
donde tomamos los barcos
salimos de la cueva
y a partir de ahí
las cosas que nos gustan
son las que no hacemos.
Bienvenidas las danzas
los coros delante de las oscilaciones
la vibración junto con los espasmos encantadores
que bailan en mi vientre.
Ven, ven, ven
vencida
reconoce
recompensa
decorosa
recordaba
precordial.
Eco recorrido
vacío de eco
recostado
recómodo
en el hueco
del cuenco
viento
descolorido
colonizado
en la poética
de la imagen.
Encontrar para desencontrarse
faltar para estar solo
pedir disculpas
innecesarias.
Vértigo
vahído
engendrar
tres días
por feriado.
la hormiga hace equilibrio
se acuesta boca arriba
rueda boca abajo
pero se hace tarde
para darla vuelta
hay momentos en que
solo podemos ver
el camino
que nos lleva al trabajo.
Los que llegaron fueron vendidos como esclavos a las familias ricas de Montevideo, entre 1585 y 1835. Durante 250 años. «¡Ay, qué pena!», decía tía Flora. Entonces las mujeres les dieron de mamar a sus hijos y a los hijos de sus amas y les decían esta historia. Algunos la aprendieron y hasta la decían de memoria.
Extrañaron su música, sus creencias, y se hicieron tambores, y encontraron la forma de honrar a sus dioses, y armaron los candombes, se ponían las ropas de los amos y los imitaban al bailar, y un montón de carcajadas salían de las quijadas y de las piernas. Y tanta felicidad el «mundo blanco» no podía soportar y dijeron: «esos tambores son del diablo» y se los tiraron al mar. «¡Ay, qué pena!». Dijo tía Flora que un abogado, llamado Jacinto Ventura de Molina, hizo el escrito judicial como defensor de la solicitud de la Sociedad de Negros Congos de Gunga para realizar la fiesta del Día de Reyes el 6 de enero de 1835. Y tocaron tambor, ¡tum!, ¡turum!, ¡tumbá!, ¡tum!, ¡turum!, ¡tumbá! Adentro tenían cielos de libertad. No se cansaban de contar cómo llegaron en barcos y esto les daba axé. ¡Y seguían de fiesta y de lucha, de lucha y de fiesta! Y se contaron historias de libertad que los niños más grandes empezaron a cantar a los hermanitos: «Duérmete hermanita llena de motitas / duérmete hermanito sueña los tambores / libres y más libres siempre el mismo sueño / libres y más libres hacia el mismo sueño».
Tía Flora decía que se dormían ilusionados, se les cerraba la noche y se abrían las estrellas. Ellos sabían que esta historia la tenían que contar y volver a contar hasta que se hiciera canción y la canción se hizo.
Editado en el libro "Ronda" 2024-Edición del Colectivo Afropoético
Ahora entiendo
por qué cuando miro
la costa del Río de la Plata
y veo nuestras aguas
del Parque Capurro
siento que vienen los negros viejos.
Ahora entiendo
por qué cuentan historias
nos dan vida
por qué sus palabras
son fuertes y sabias.
Siento un libro
de cuerpos abiertos
que nos trae fe
los negros viejos
las negras viejas
escriben en una cuadernola:
“Solo queda un camino.
Liberarnos” Aparte de otros apuntes
en relación con la hambruna
y a los niños.
Entonces entendí la sal de la vida
la descendencia honorable
venía entre flores y mieles
venía en carros de mar
y en el sol de las palabras
brotaron los pretos velhos.
Se expandía una mirada
antropológica
una excavación
y se iluminaron los universos
de cara a las olas
se formó un collar de caracolas
subversivas.
Y ahora sabemos
ahora entendemos por qué cada uno
de nosotros lleva una canción
para cantar y cantarla.
Cada 13 de mayo
se hace memoria
sabemos quiénes fueron
sabemos quiénes somos
late en el fondo de estas tierras
un laberinto
que sedimenta el sueño.
Ahora entiendo por qué cuando miro
la costa del Río de la Plata
y veo a nuestras aguas del parque Capurro
van los pretos velhos
entre maderas y vida.
Buscamos en la orilla
y encontramos un signo
de interrogación
que nadie respondió
se armó un silencio
y aparecieron
porque deseábamos encontrarnos
se conjugó el verbo buscar
busco
buscas
buscás
buscamos
y nos preguntamos ¿cuánto vale ser justo?
Vale la justicia de las manos
mientras los familiares sabemos llevar
una vida abrazada que camina
con sus nombres.
Hemos de ir a cruzar los campos
hemos de ir a cruzar las calles
y punto.
Y ellos han de venir día y noche
entonces surge una pregunta
solo para aquellos
solo una
solo para esos
para esos
¿qué valor tiene la verdad?